La magia de papá

Hoy hace exactamente un mes,que elegiste poner rumbo a las estrellas para reencontrarte con esa bella alma que en la tierra encarnó como mi madre y fue tu compañera de vida desde casi la infancia.

A veces no te das cuenta de cómo el universo va tejiendo con absoluta perfección cada instante y muchas cosas cobran sentido cuando las ves con la perspectiva del tiempo.

Este verano viajé a Galicia, a esa tierra de mis ancestros que me atrapa y me enamora cada día más,y de la que cada vez me cuesta más volver.

Alguien me dijo que aprovechara para descubrir la magia de papá, me dijo: la magia de mamá ya la conoces, ahora toca que descubras la magia de papá.

Nunca había pensado en eso, en tu magia, hasta ese instante, y es que a veces nos cuesta identificar lo que uno vive desde siempre como algo normal.

Desde pequeña fuiste para mí, ese señor grande y fuerte, que siempre estaba, esa mano que podía coger porque contigo me sentía segura, ese hombre que hablaba con pasión del universo, por el que adoro la ciencia ficción, que me enseñó a amar los libros, que me leía por las noches La Historia Interminable y después Momo, con el que descubrí la magia del Señor de los Anillos y tantos y tantos libros que me permitieron soñar otros mundos, vivir otras vidas, mil aventuras….

Eras el que me llevaba al rastro de Madrid a primera hora y con el que me perdía por sus callejuelas… curioseando, hasta llegar a la plaza de los minerales….

También aprendí contigo a amar el mar, ese mar que tú conociste a los 25 años.

Cuando crecí, nunca recortaste mis alas, siempre fue el tuyo un respeto absoluto por mis elecciones, con tu frase: “nosotros te vamos a apoyar siempre”, o ese “es tu vida”, a pesar de los giros inesperados, y de algunos saltos al aparente vacío que he dado, siempre estabas ahí, orgulloso de mi.

Siempre sentí que, a pesar de las obligaciones, las responsabilidades, tu papel de padre, de esposo, de trabajador, eras un ser enormemente libre, inmensamente avanzado para tu tiempo.

Tú me dijiste las cosas más sabias en mis peores momentos y siempre me dejaste volar, sabiendo que siempre estarías cuando decidiera regresar, me enseñaste que en la vida hay que ser valiente, y también que hay que disfrutar, que la vida es para vivirla y ser feliz.

Cando mamá enfermó fuiste valiente para dejarla marchar, la cuidaste hasta el último minuto, hasta el último aliento, con una entrega y un amor impecables.

Y este año y medio sin ella, he podido descubrirte aún más, que privilegio tan grande.

Guardo en mi corazón como un tesoro estos dos últimos veranos, nuestros paseos, las conversaciones, los silencios, la música, el cine…la vida abriéndose paso, cuando tú ya te querías marchar junto a mamá , pero aceptabas seguir aquí, estando presente, para nosotras.

Este verano supe cuál era tu magia, siempre la tuviste, porque era parte de ti.

Tu magia era el amor incondicional, lo desplegabas en cada gesto, a cada instante.

Es verdad que ese amor se les supone a las madres, pero yo doy fe de que mi padre era un maestro en eso, porque hay hombres que también saben amar así, que se entregan así, que dejan un legado de amor inmenso en quienes le conocieron.

Te echo de menos, pero sé que estás bien, que sigues haciendo camino, que sigues avanzando en tu viaje.

Que bien lo hicisteis todo, mamá y tú, que llenas de amor nos dejáis y que fuertes también.

Eras mi persona favorita en el mundo, pero me queda tanto de ti, estoy tan llena de tu amor y de la libertad que me diste, que sé que cuando pase esta tristeza remontaré de nuevo el vuelo y volveré a surcar el cielo, con mis alas llenas de tu magia, con mis alas llenas de tu amor.

Gracias por todo, por tanto, te amo.

 

 

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